viernes, mayo 10, 2013

Los adioses


I


mira cómo tu abuela
—dijo mi madre—
parece que duerme

desde tu corazón exangüe
como un agua serena el sueño atroz del aldehído
avanzaba lentamente a través de tus venas

no hacía falta imponer ese último silencio
pero un cáñamo invisible anudaba tus labios
apretados y graves
a las blancas encías:
con palabras que nunca te escuchamos
que no sabías decir o no podías
inmóvil nos hablabas ahora
en un mutismo que crispaba la carne

¿cómo se oía tu voz llamar mi nombre
antes de que la nada germinara en tu cuerpo
silenciándolo?

bajaste a la tierra
un día de abril
y fue todo:
ni vastas constelaciones suspendidas
en el océano del cosmos
ni dioses imposibles
te recibieron


¿qué sueño de grandeza
qué virtud
qué parca vulgaridad te llevaste a la tumba
el día que la tierra se cimbró con tu muerte?

nada quedará de tu cuerpo
y sin embargo ¿cuántas estirpes de gusanos nacerán de tu carne
nuevamente fecunda?