lunes, septiembre 09, 2013

Hotel Revfülöp


como leche de cabra
blanca es la noche y dulce
sobre Balaton´s lake:

una a una bajo el haz de esa luz que se derrama
aparecen las pequeñas cosas de este mundo
un cerezo cargado de frutos
un viejo aliso
los muros de una antigua capilla derruida
en la distancia

¿pasaron por aquí las marchas de la muerte
o bebieron de esta aguas los soldados del fuhrer?
-pregunto-
olivares y viñas
han crecido sobre las antiguas cenizas de la muerte
-me dices-
pero el hedor de la carne corrompida
aun se suspende sobre el campo de lavandas

entre el recelo y la alegría
y la esperanza y la incredulidad
entre el extrañamiento y el deseo
compartes conmigo el pan y la carne
la historia de cuatrocientos mil muertos
que leudan la memoria

ocultos de los dioses de la furia
y de los guardianes de la vergüenza
esta noche aceptamos la vida como si nosotros
y solo nosotros
la mereciésemos

las campanas de Revfülop no doblan a muerto
y el vino que desborda las copas no es solo una metáfora

dejamos a los muertos bajo la tierra
continuar en su muerte                              
y que las cenizas desciendan hasta el fondo del agua
en las pozas de Birkenau
y que la memoria se suspenda
y el horror se suspenda
y el luto

en el tremor de mis miembros bendigo en silencio el vigor de tu padre
y la sufriente determinación de tu madre
en los campos de Polonia:

no de espanto
tiemblan tu voz y tu cuerpo esta noche
y yo en él



martes, junio 04, 2013

El biógrafo

                                           "Si el honor y la sabiduria y la felicidad 
                                             no son para mí,
                                             que sean para otros".
                             
                                               Borges, La biblioteca de Babel.                         




Ahora que puedo ver
sin apasionamientos
cómo malgasté los breves años de mi vigor
en entretenimientos más bien infamantes
yo, que soy un hombre sin atributos
¿que haré para justificarme?

Cierto es que en mi juventud visité los lugares sagrados del mundo:


de Angkor wat a Stonehenge
cada lengua extraña y cada signo incomprensible
y cada piedra muda
confirmaron solamente mi propio extravío

¿Qué honor puedo esperar
si evité a toda costa no solo los enfrentamientos baladíes
sino eso que llaman las duras batallas de la vida?

¿Qué gloria pedir para mi nombre
si por aburrimiento
y no virtud
rechacé las cosas de este mundo?

No pude darme a una mujer:
ignoro quién recordará mi nombre
o quién acaso repetirá mis palabras con filial gratitud
como se hace con las duras reconvenciones
del padre sepultado.

Si Dios previó para mí esta inane existencia
antes que el tiempo y la materia se bifurcaran
o soy producto de una historia de vulgares repeticiones
que en mí se cancela
no importa ahora.

Pero temo al olvido.

¿Qué he de cantar sino las victorias ajenas
para que mi nombre perdure a través de los siglos
y alcance así
por lo menos
un poco de gracia?

martes, mayo 21, 2013

Los adioses



II


Abraham engendró a Isaac,
e Isaac engendró a Jacob
y Jacob engendró a Judá
puede leerse en lengua extraña
sobre los Rollos de Qumrán
hallados a orillas del Mar Muerto

¿Qué escriba cantará nuestro origen vulgar
y nuestra ínfima gloria,
quién hablará de nosotros
cuando hayamos caído ante las pestes del siglo?

Ni Ítacas gloriosas
ni Judeas bienaventuradas
hallaremos inscritas en nuestra heráldica
me temo.

Y en cambio más de un asesino y un ladrón  
podrán contarse entre los míos.

Prevaricadores
usureros
hombres que cambiaron sus almas  
por un poco de vino 
y dijeron mi nombre y besaron mis cabellos
en el sopor de la ebriedad:
tal fue mi infancia.

¿Qué sueños
qué cegueras
animaron el curso de esta genealogía condenada a la muerte?

¿Quién hablará de ella con justicia,
quién de los amores proscritos
de las desobediencias que inauguraron nuestra estirpe
y su propia vergüenza:
mujeres que engendraron serpientes
en moteles oscuros
mientras sus hermanos veían azorados
el cumplimiento de la ley?

Nadie se salvará del nombre de su sangre
nomen et omen

Soy el último entre los míos
y no duraré lo suficiente para escribir la historia gozosa
de nuestra ruina.

¿Qué huella quedará de esta familia y sus pequeñas batallas
a dónde irán a dar sus secretos dilemas
los eventos gloriosos y ridículos
que dan espesor a la fábula inofensiva de nuestra sangre?

viernes, mayo 10, 2013

Los adioses


I


mira cómo tu abuela
—dijo mi madre—
parece que duerme

desde tu corazón exangüe
como un agua serena el sueño atroz del aldehído
avanzaba lentamente a través de tus venas

no hacía falta imponer ese último silencio
pero un cáñamo invisible anudaba tus labios
apretados y graves
a las blancas encías:
con palabras que nunca te escuchamos
que no sabías decir o no podías
inmóvil nos hablabas ahora
en un mutismo que crispaba la carne

¿cómo se oía tu voz llamar mi nombre
antes de que la nada germinara en tu cuerpo
silenciándolo?

bajaste a la tierra
un día de abril
y fue todo:
ni vastas constelaciones suspendidas
en el océano del cosmos
ni dioses imposibles
te recibieron


¿qué sueño de grandeza
qué virtud
qué parca vulgaridad te llevaste a la tumba
el día que la tierra se cimbró con tu muerte?

nada quedará de tu cuerpo
y sin embargo ¿cuántas estirpes de gusanos nacerán de tu carne
nuevamente fecunda?

viernes, enero 04, 2013

Locus amoenus


ofreciéndose al calor del verano
abierta y olorosa y dulce y encarnada
casi impúdica
amarillea la pulpa de los mangos
a la húmeda vera de la memoria
y punza en el paladar su suave médula

danzan los abejorros sobre el espejo de agua
y bajo la superficie
repite la mirada incesante
de los peces
su febril movimiento

balan también los rebaños a la orilla de un río interminable
y libres de la ruda montura descansan sus ancas los caballos
a la sombra del saúz

cantan los mirlos
verdean las altísimas frondas de los álamos
en la frágil plenitud del día fugitivo

tiernos e impúberes junto a los duros hombres
muchachitos en flor entre los tensos juncos de la rivera
otros breves dulzores probamos del estío caluroso
otros dolores:
el perenne malestar de la carne
y su ahíta alegría

severos cabalgan los jinetes
—diríase—
jóvenes potros sobre el prado florido
hasta domarlos

pesa el recuerdo huidizo lo que pesa
el convulso tremor de un hombre a las espaldas
polvo en los labios
sabe aún a lo que sabe
la salobre saciedad del cuerpo


lunes, octubre 01, 2012

Elegía de la carrera



…todo termina, la vida termina definitivamente en mis pies,
lo extranjero y lo hostil allí comienza:
los nombres del mundo, lo fronterizo y lo remoto,
lo sustantivo y lo adjetivo que no caben en mi corazón
con densa y fría constancia allí se originan.
“Ritual de mis piernas”
Pablo Neruda

Para Lorena Enríquez

Elegía de la carrera
                                                   

Como aquel que ha descubierto
las girantes constelaciones
en el océano infinito de la nada
la alquimia de metales innobles
o el rostro de un dios envejecido
en una partícula de polvo
una alegría humilde
me sacude también
mientras avanzo
entre los eucaliptos

yo, que nada sé de la vida
esto es vivir
—me digo—:
la exacta tumescencia del músculo
extendiéndose
sobre los huesos plenos
y los nervios secretos
la dinámica arquitectura de mis pies y mis piernas
que duros como remos sobre el agua inmóvil
de la pista
palpitan

y como escapa la cría del gavilán hambriento
—y es violento y genuino y aterrado su prenderse a la vida
su voluntad de presa de no morir aún—
avanzo a mi vez entre los árboles del sendero
exhausto y aterido
huyendo a mi modo de mis propios vigías:
el tigre y el zorro y el dragón
y el hambre y la miseria
y tal vez la locura
y otros demonios que toman otras formas
y otros rostros
y también otros nombres
para darme la muerte

en el desplazamiento
parece de pronto
que estoy vivo
—exhausto y humilde—
como cosa concreta
piedra o pez o semilla
mientras desafía mi corazón
inefables galaxias poderosas
y las vence
en un solo latido

una milla
dos
avanzo a través del sendero
entre aquellos que corren para salvar sus almas
y soy
súbitamente
un hombre:
mueren los dioses irreales
demasiado conocidos
y yo
que no me conozco todavía
soy real de pronto
nazco en mi cuerpo desde los duros pies
hasta la coronilla
como un fruto vehemente

avanzo una milla, dos
aún
no como un poseído
—es cierto—
pero como alguien que se libra de todo
de la vida
y la muerte
y de dios
y los hombres

y como se esfuma la noche tras la dura claridad
del día violento
desaparecen así los miedos ilusorios
en la fiel contingencia del cuerpo:
y los grandes relatos de la historia
y todos los destinos del hombre
y todos los mitos
nada pueden contra el dolor de la carne
y contra la alegría de la carne
que centellean al unísono
en lo exterior y en lo profundo
y en lo oculto
y lo evidente

desbocado y ahíto
y saciado de mí
sobre el sendero de eucaliptos
voy en realidad a través de mi carne
reconociendo el cosmos íntimo que soy:
universo de células y nervios y fibras y tendones
que se expande
de la nada a la nada
y de la muerte a la muerte

soy un momento del cosmos
sobre la pista
y un dios vivo
y un soplo de viento


miércoles, abril 18, 2012

De la castidad del cuerpo

tendidos sobre la arena blanca
jóvenes extranjeros
ofrecen al sol de la tarde
despreocupadamente
los cerúleos miembros

no otra cosa, en medio del día que naufraga
sino de débil púrpura
sus tetillas erectas
sobre la firme superficie del torso

promontorios
breves montículos donde el sol revienta
concéntricamente
en olas de rosada y deliciosa claridad:

tiernos muchachos
sonrientes extranjeros de la edad que no tuve
niños expertos en el amor porque sí
salvajes profetas de las promesas del cuerpo
embaucadores de la concupiscencia
equilibristas de la noche más noche
que vi pender sobre el alambre
desde las graderías

¿qué palabras hubieron
de decir
mi deseo
—habrían podido—
cuando esta voz no era voz todavía?

hubo palabras
—sí—
nombres que aparecen de pronto
desde muy lejos
hendiendo la noche espacial
navegando la marea cósmica
para azuzar las ansias
voces que un día convocaron un cuerpo
inútilmente
y ahora solo despiertan la memoria

porque han pasado los días de la estación terrible
como un soplo de viento
y ha madurado el fruto
tardíamente
en este árbol :
no hay mano que se aventure a recogerlo
núbiles labios a probarlo

en bandada se desploman los cuervos del arrepentimiento

arde el sol como entonces
sobre la playa desierta de la memoria
ya los muchachos se han marchado a otros climas
llevándose consigo los dorados racimos
sus húmedas honduras
las frágiles durezas

¿qué nombres dirán este deseo
todavía
que puedan condenarme?